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Archivo para Noviembre 2007

Si te sientes en el “límite”, no rechaces la ayuda.

Noviembre 27, 2007 israelfagundo Deja un comentario

Por el Dr. Israel M. Fagundo Pino. 

En algunos momentos puede que hayas pensado en ir a un psicoterapeuta, un psicólogo o un psiquiatra, porque has sentido que estás en el “límite”, o que ya no puedes más ante una situación que ha terminado agobiándote, o porque es mucho el malestar. También puede que algún familiar o amigo cercano te lo haya recomendado porque se haya dado cuenta de que algo no anda bien en ti.

¿Y tú qué has pensado? ¿Has ido a un psicoterapeuta o has decidido resolver el problema “por tus propias manos”? ¿Haces rechazo a este tipo de asistencia, intervención o consulta? No sé cuál será tu respuesta, pero hay algo cierto: los seres humanos, en oportunidades, necesitan ayuda profesional en el ámbito de la esfera emocional. Pero, ¿qué puedes esperar de una psicoterapia?

Cuando una persona se somete a una psicoterapia de cualquier tipo, a veces lo hace con la esperanza de que el terapeuta le ayude a resolver problemas de relaciones personales, tales como que no le va bien con su pareja por distintas razones; que los hijos se comportan de manera inadecuada; que los demás le hacen perder el control; que no “aguanta” a sus compañeros de trabajo; que las formas de actuar de los otros le provoca frustración y depresión; o que no sabe qué hacer frente a una determinada situación o cómo salir de un problema complicado. No suele pensar esta persona que uno de los aspectos fundamentales de una terapia es ayudarle a modificar su propia conducta, ya que ese es el único ámbito en que con mayor eficacia podemos influir: la manera en que la propia persona se proyecta.

Todo cambio que desees introducir en la manera en que los demás se comportan debe ser a través del cambio de tu propia conducta. Mientras no cambies la forma en que te conduces, te seguirán acosando los mismos conflictos. A veces cuesta entender esto, porque a pocas personas les gusta cambiar, o para decirlo de una mejor y más realista manera: pocas personas sienten la necesidad de cambiar y pocas son las que tienen la flexibilidad y potencialidades necesarias para realizar cambios. Cada uno de nosotros tiene un patrón de conducta que ha adquirido a lo largo de la vida por diversas razones. Si aparece la necesidad de cambiar, ya sea por decisión propia o por indicación profesional, la tarea implica el análisis de los motivos que llevaron a adoptar esos comportamientos, para ver si siguen siendo válidos, o no, en el presente.

El cambio de actitud o de conducta no es fácil porque, aunque errada, una actitud o conducta que se ha ejercitado durante mucho tiempo da una sensación de seguridad. Aquí interviene el miedo que todos tenemos a lo desconocido, a lo que no hemos probado antes, a lo que se aleja de nuestro habitual repertorio de respuestas ante los acontecimientos de la vida y dificultades interpersonales. Solamente una pequeña fracción de personas gusta de situaciones nuevas y de comportamientos innovadores; la mayoría prefieren lo conocido, lo ya establecido, porque así se sienten en “terreno seguro”. El problema es que, a veces, lo ya conocido y establecido es justamente lo que está jugando en tu contra. Para poder cambiar tu situación debes de cambiar tu conducta, dejar esas viejas formas de comportarte que durante tanto tiempo te han servido torcidamente.

Tienes que pensar con flexibilidad y sinceridad para poder cambiar tu rumbo, y esto suele ser difícil porque la sinceridad te lleva a reconocer esos miedos que tanto tiempo has estado ocultando. El miedo es una de las grandes fuerzas motoras del comportamiento, ya que a nadie le gusta tener miedo y por lo general se hace todo lo posible por evitarlo, hasta llegar al auto-engaño de manera inconsciente. Y es ahí parte importante de la terapia: llevar lo inconsciente a consciente, cambiar las ideas erróneas y los comportamientos ineficaces por ideas válidas y comportamientos eficaces.

Tomar y mantener la decisión de adoptar una nueva conducta, una nueva actitud, puede ser una de las tareas más difíciles para el individuo. Es un proceso trabajoso que deberás asumir con valor y perseverancia, sin descartar la posibilidad de que puedas caer, pero también levantarte, para así poder avanzar en el camino de la superación personal.  

Categorías:Psiquiatría

ACEPTA LOS PROBLEMAS DE LA VIDA

Noviembre 27, 2007 israelfagundo Deja un comentario

Muchas veces nos desesperamos por la cantidad de problemas que tenemos que afrontar diariamente: en el trabajo, en la casa, en cualquier otro lado. Parecería que fuéramos de problema en problema; no terminamos de salir de uno cuando ya aparece otro.
En esos momentos solemos decir: “¡Que feliz sería si no tuviera tantos problemas!” Sin embargo, este es un enfoque equivocado. Mientras vivamos, la vida nos presentará inevitablemente problemas para resolver, y el hecho de ser feliz no está relacionado con la existencia o no de ellos sino con la manera en que los enfrentamos.


Pensemos un poco en qué es una situación problemática. Se dice que tenemos un problema cuando algo no se produce de la manera que deseamos. No ganamos lo que quisiéramos, los hijos no se portan como nos gustaría, el transporte se dificulta, se presentan conflictos en la familia o la vida no transcurre como esperábamos. ¿Sería posible que todo ocurriera de la manera en que a uno le viene bien? Obviamente que no.


Entonces vemos que los problemas son una parte ineludible de la vida. Si queremos vivir, tenemos que enfrentarlos. Pero no debemos verlos como un mal irremediable, sino como una oportunidad para superarnos. Cada uno de ellos es una posibilidad para ejercer nuestro razonamiento, que es una de las maneras de crecer.


Ejercer nuestro razonamiento con un problema no significa necesariamente tener que resolverlo. Tal vez lo que debamos hacer es ignorarlo. Con cada uno que se nos presenta, tenemos, fundamentalmente, dos opciones: resolverlo o ignorarlo. Existen distintos tipos de problemas, y a menudo se presentan varios simultáneamente. Sería una cuestión sin sentido tratar de resolverlos todos a la vez, sin que falte uno.


Cuando tenemos que enfrentar varios al mismo tiempo, lo primero que tenemos que hacer es jerarquizar los mismos. Habrá algunos más importantes y otros que lo son menos. Nuestros recursos no son ilimitados y es probable que, al tratar de solucionar los menos importantes, comprometamos la solución de los más urgentes. Entonces sería una decisión sabia ignorar aquellos problemas que en el momento no son tan importantes.


Una vez establecida una jerarquía de problemas y determinado cuáles vamos a tratar de resolver y cuáles vamos a dejar para más adelante o para nunca, no nos queda otra alternativa que comenzar a tratar de resolverlos. Es en este momento cuando realmente está en juego la posibilidad de ser feliz; la diferencia entre ser feliz o no, radica en la actitud con que los afrontamos.


La mayoría de los psicólogos, psiquiatras y otros estudiosos del tema, coinciden en que hay tres actitudes esenciales con las que podemos encarar la resolución de problemas. Si lo llevamos a una visión personal, individualizada, se pueden expresar de las siguientes formas: “Soy incapaz de solucionar nada”, “Nada es demasiado difícil para mí” y “Algunas cosas podré resolver y otras no”.


Tengamos en cuenta que la última opción es la más realista, objetiva y eficaz, y por tanto la que nos puede ayudar a tener más felicidad en nuestras vidas, o al menos, maneras más sanas de manejar los conflictos y remontar las situaciones difíciles que nos impone el hecho de vivir.
 

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Noviembre 11, 2007 israelfagundo Deja un comentario

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Noviembre 11, 2007 israelfagundo 1 Comentario

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