Si te sientes en el “límite”, no rechaces la ayuda.
Por el Dr. Israel M. Fagundo Pino.
En algunos momentos puede que hayas pensado en ir a un psicoterapeuta, un psicólogo o un psiquiatra, porque has sentido que estás en el “límite”, o que ya no puedes más ante una situación que ha terminado agobiándote, o porque es mucho el malestar. También puede que algún familiar o amigo cercano te lo haya recomendado porque se haya dado cuenta de que algo no anda bien en ti.
¿Y tú qué has pensado? ¿Has ido a un psicoterapeuta o has decidido resolver el problema “por tus propias manos”? ¿Haces rechazo a este tipo de asistencia, intervención o consulta? No sé cuál será tu respuesta, pero hay algo cierto: los seres humanos, en oportunidades, necesitan ayuda profesional en el ámbito de la esfera emocional. Pero, ¿qué puedes esperar de una psicoterapia?
Cuando una persona se somete a una psicoterapia de cualquier tipo, a veces lo hace con la esperanza de que el terapeuta le ayude a resolver problemas de relaciones personales, tales como que no le va bien con su pareja por distintas razones; que los hijos se comportan de manera inadecuada; que los demás le hacen perder el control; que no “aguanta” a sus compañeros de trabajo; que las formas de actuar de los otros le provoca frustración y depresión; o que no sabe qué hacer frente a una determinada situación o cómo salir de un problema complicado. No suele pensar esta persona que uno de los aspectos fundamentales de una terapia es ayudarle a modificar su propia conducta, ya que ese es el único ámbito en que con mayor eficacia podemos influir: la manera en que la propia persona se proyecta.
Todo cambio que desees introducir en la manera en que los demás se comportan debe ser a través del cambio de tu propia conducta. Mientras no cambies la forma en que te conduces, te seguirán acosando los mismos conflictos. A veces cuesta entender esto, porque a pocas personas les gusta cambiar, o para decirlo de una mejor y más realista manera: pocas personas sienten la necesidad de cambiar y pocas son las que tienen la flexibilidad y potencialidades necesarias para realizar cambios. Cada uno de nosotros tiene un patrón de conducta que ha adquirido a lo largo de la vida por diversas razones. Si aparece la necesidad de cambiar, ya sea por decisión propia o por indicación profesional, la tarea implica el análisis de los motivos que llevaron a adoptar esos comportamientos, para ver si siguen siendo válidos, o no, en el presente.
El cambio de actitud o de conducta no es fácil porque, aunque errada, una actitud o conducta que se ha ejercitado durante mucho tiempo da una sensación de seguridad. Aquí interviene el miedo que todos tenemos a lo desconocido, a lo que no hemos probado antes, a lo que se aleja de nuestro habitual repertorio de respuestas ante los acontecimientos de la vida y dificultades interpersonales. Solamente una pequeña fracción de personas gusta de situaciones nuevas y de comportamientos innovadores; la mayoría prefieren lo conocido, lo ya establecido, porque así se sienten en “terreno seguro”. El problema es que, a veces, lo ya conocido y establecido es justamente lo que está jugando en tu contra. Para poder cambiar tu situación debes de cambiar tu conducta, dejar esas viejas formas de comportarte que durante tanto tiempo te han servido torcidamente.
Tienes que pensar con flexibilidad y sinceridad para poder cambiar tu rumbo, y esto suele ser difícil porque la sinceridad te lleva a reconocer esos miedos que tanto tiempo has estado ocultando. El miedo es una de las grandes fuerzas motoras del comportamiento, ya que a nadie le gusta tener miedo y por lo general se hace todo lo posible por evitarlo, hasta llegar al auto-engaño de manera inconsciente. Y es ahí parte importante de la terapia: llevar lo inconsciente a consciente, cambiar las ideas erróneas y los comportamientos ineficaces por ideas válidas y comportamientos eficaces.
Tomar y mantener la decisión de adoptar una nueva conducta, una nueva actitud, puede ser una de las tareas más difíciles para el individuo. Es un proceso trabajoso que deberás asumir con valor y perseverancia, sin descartar la posibilidad de que puedas caer, pero también levantarte, para así poder avanzar en el camino de la superación personal.
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